18 octubre 2013

Zona Moab



Acostumbra a ser hacía mediados de otoño, cuando empieza a hacer frío en las montañas pero no todavía no hay suficiente nieve para esquiar que uno siente la llamada del desierto, de alargar un poco mas la temporada estival y cargar las pilas para enfrentarse a los rigores invernales. Hacia años que Karen y yo no habíamos ido por la zona de Moab y esta vez decidimos aprovecharnos de su relativa cercanía para tomarnos una semana de vacas explorando algunos de los nuevos recorridos de mtb que se han creado en los últimos años y también haciendo algunas excursiones a pie por sus remotos cañones y mesetas. 

Moab es uno de esos engendros de aguda bipolaridad como solo pueden encontrarse en los Estados Unidos. Como lo son  Las Vegas o Disneyland Moab es una monumental trampa turística cuyos niveles de horterismo escapan toda clasificación. Allí conviven en precario equilibrio motorheads y mormones de derechas, imitadores de Edward Abbey, prospectores de petróleo, escaladores y el típico pijoteras en busca de slickrock en el que quemar la cara goma de sus neumáticos.  En pocos lugares se ven tantas y tan flamantes bicicletas, pero igual es el caso con los 4x4, las motos y motorhomes. Es una escena dantesca. 

 La salvación es el desierto.  En su brutal inmensidad se diluye, por lo menos en gran parte, el patetismo humano y uno tiene la oportunidad de emborracharse de espacio y silencio hasta olvidarse de quién es y de dónde viene. 



El vacio salvador de Canyondlands

Luna llena acampando en Island in the Sky. 

Enorme cavidad en Hunter Canyon 


En la cumbre de Upheaval Dome


Desayuno en el campamento

El impresionismo de Fisher Towers