20 febrero 2011

Esquí de fondo, fiestas en cuevas de hielo y el eterno puzzle de la vida.


Llevo tiempo sin contaros mucho porqué me hallo en fase principalmente rutinaria. El próximo sábado estaré en Wisconsin compitiendo en la "Birkie",  la mayor prueba de esquí de fondo del país (la prueba es el día 26). Son 55 km y habrá  8500 participantes. Nunca he participado en una prueba con estas estadísticas y en estos momentos, a menos de una semana vista,  empiezo a sentir una calidez medio de excitación, medio de nervios que me revuelve las entrañas. Pero mas que nada, por encima de como lo haga o deje de hacerlo está la curiosidad que siento por ir hasta estas tierras del norte del país en las que el mayor porcentaje de la población es de origen nor-europeo y esquiar con un río de humanidad a través de sus bosques y lagos helados. Además, somos diez amigos de aquí el pueblo que viajaremos y nos instalaremos juntos y eso seguro que será divertido.

Estas últimas semanas he estado muy enfocado con el esquí de fondo, reduciendo mi volumen de kilometraje pero manteniendo intensidad en preparación al evento. Por eso no he tenido mucho tiempo para hacer muchas esquiadas en las montañas u otras actividades que no sean específicas al fondo. Un par de veces a la semana salgo con mi amigo Rich a entrenar, él también correrá la Birkie y los dos estamos a un nivel similar. Por lo demás, paso bastante tiempo solo, un día a hacer técnica, otro ejercicios de potencia, otro a ir super tranquilo en plan meditativo, concentrandome en la respiración y ejecución de movimientos.
Jugando con fuego en las cuevas de hielo de Kate (Solo se chamuscó las cejas)

Ayer por la noche fui a la fiesta que la amiga Kate organizó en sus cuevas de hielo. Es un evento anual que todos anticipamos con excitación. A estas alturas de invierno, cuando el paquete níveo alcanza sus grosores máximos Kate alquila una excavadora para crear una descomunal montaña de nieve delante de su casa y una vez la nieve está asentada ella y sus gnomos horadan túneles y cavidades en su interior hasta crear una especie de palacio de hielo iluminado con velas y en el que se celebran ritos y actividades ilegales lejos de la vista del resto del pueblo. La noche fue divertidísima. Lo fue tanto que hoy no creo que haya entreno.
Mi gimnasio particular: la pala. 


Esta mañana nos hemos levantado con una nevada mayúscula que ha aumentado los grosores de nieve ya existentes hasta niveles casi record. Esta mañana me he pasado un par de horas desenterrando la entrada a casa, la terraza y los coches mientras Karen cocinaba unos pancakes e intentaba resolver un juego de puzzle demoniaco. O sea que he acabado entrenando... pesas y abdominales.
Típica mañana de domingo pos-fiesta. Karen resolviendo el gran puzzle de la vida.


1 comentario:

  1. Original las cuevas en el hielo... al menos por aquí. Desde luego no habrá problema para tener cervecitas fresquitas como en toda fiesta que se precie de serlo jejeje.

    Respecto a la carrera, buena suerte y sobre todo a disfrutarla.

    Sed felices.

    Pedro

    ResponderEliminar